martes, 22 de marzo de 2011

Morrones agridulces




¿Volvemos, como siempre, a la cocina? La fórmula que el otro día me dio el doctor Volonté (¡a fuerza de hacer “recetas” los médicos suelen ser unos cocineros estupendos!) es ideal para acompañar el asadito dominguero. ¿Lista? Limpie con un trapo seco (lústrelos… ¡bah!) 1 kilo de morrones gordos (rojos y verdes, si los consigue) y córtelos en rodajas, desechando las semillas y nervaduras. Entonces póngalos en una cacerola junto con 1 taza de vinagre blanco, 1 taza de aceite y media taza de azúcar. Hágalos hervir 10 minutos… ¡y listo! ¡Un aderezo agridulce merecedor de un tenedor de cinco puntas! ¿Vio que siempre se aprende algo nuevo? Tiene razón, señor Jules Renard: “Se diría que nuestra vida es un ensayo”… ¡Glup!




Versión 2:

Hace poco le dí la receta pero vuelvo a repetírsela por si su vecina no le hubiera devuelto la revista que usted le prestó: corte morrones gordos en aros o tiras gruesas, colóquelos en una cacerola, cúbralos con partes iguales de aceite, vinagre y azúcar y hágalos hervir hasta que estén tiernos. Escúrralos y deje que el líquido de cocción siga hirviendo hasta tomar el punto de un almíbar espesito. Vuelque sobre los morrones y enváselos (con unos dientes de ajo y unos granos de pimienta). ¿Se dio cuenta de que no llevan sal? ¡Deliciosos!