sábado, 12 de marzo de 2011

Duraznos al vino tinto


                Llegó el momento de atraparlos en frascos o preparar con ellos exquisitos postres. En la cocina, como en la vida, cada cosa tiene su tiempo y su sazón. Y si no me cree a mí… ¡crea lo que dice Robert Burton en su “Anatomía de la melancolía!”: “El que no quiere cuando puede, no podrá cuando quiera”…

·         Duraznos al vino tinto

INGREDIENTES

Duraznos, 8 (“priscos”, es decir, con el carozo suelto)
Vino tinto, bueno (si Carlos se distrae, le robo el Valmont…), 1 litro
Azúcar, 400 gramos
La cascara amarillita de 1 naranja (use el pelapapas para lograrla finita, sin la piel blanca que da sabor amargo)

PREPARACIÓN

1.       Lave los duraznos y sumérjalos 30 segundos en agua hirviendo. Escúrralos y páselos a una cacerola que contenga agua helada. Pélelos como si fueran tomates: desprendiéndoles la piel (¿vio qué fácil resulta, y como, pelándolos así, no se desperdicia ni un poquito de pulpa?). Pártalos por la mitad y retíreles el carozo.
2.       Ponga en una cacerola el vino, el azúcar y la cascara de naranja.
3.       Haga hervir 5 minutos.
4.       Agregue en la cacerola las mitades de duraznos (sin encimar) y haga hervir despacito 10 minutos, o hasta que los duraznos estén impregnados por el vino y brillantes.
5.       Vierta la preparación en un bol y sírvalos bien fríos acompañados por “tuiles” y poniendo cara de francesa. ¡Glup!


TUILES
(una fórmula diferente a otras que le he dado):

Bata 2 claras con 100 gramos de azúcar durante 4 minutos. Mézclele 50 gramos de harina, 50 gramos de manteca derretida y 50 gramos de almendras, sin la piel marrón y fileteadas. Vierta la pasta de a cucharaditas sobre placas enmantecadas y enharinadas, distanciando los montoncitos entre sí. Entonces aplástelos con la misma cucharita dándoles forma de galletas transparentes. Cocínelas en horno recaliente 4 ó 5 minutos (como las lengüitas de  gato… ¡bah!). Retire, entibie, levántelas con una espátula y póngalas “a caballo” sobre un palote enmantecado para que, al enfriarse, queden arqueadas como “tejas”. ¡Cuidado que son muy frágiles! ¡Crashhhhhh!