martes, 21 de abril de 2015

Rehragout (guisote agridulce… ¡bah!)



            Cuando entablo amistad con alguna persona de ascendencia extranjera enseguida preparo mi mochila para cosechar alguna buena receta. Nada más auténtico y valioso que la receta heredada, transmitida de generación en generación. Y nada más sorprendente descubrir, como con elementos simples se pueden elaborar especialidades dignas de la mejor anfitriona…


  • Rehragout (guisote agridulce… ¡bah!)

INGREDIENTES

Carnaza de vaca, ½ kilo (sin grasa ni nervios)
Carnaza de cerdo, ½ kilo
Panceta ahumada magra, en tiritas, 200 gramos
Cebollas chiquitas, cortadas en cuartos, ½ kilo
Zanahorias tiernas, cortadas en cubitos, ¼ kilo
Puerros, picadísimos, ¼ kilo
Margarina, 50 gramos
Orejones de damascos, 200 gramos
Vino blanco seco, ¼ litro
Calditos de verduras, 2 cubitos
Clavos de olor, 2
Bayas de enebro, 3
Laurel, 1 hoja
Agua caliente, cantidad necesaria
Conserva de tomates, 1 cucharada


GUARNICION

Papitas hervidas


PREPARACION

  1. Remoje los orejones de damascos en el vino blanco.
  2. Corte en cubos las carnes de vaca y de cerdo. Sazónelas con sal y pimienta.
  3. Caliente en una cazuela o cacerola pesada y fría (sin ningún agregado) las tiritas de panceta, dándolas vuelta continuamente hasta que estén bien crocantes. Escúrralas.
  4. Agregue los cubos de carne en la grasita que quedó en la cacerola y saltéelos hasta que estén dorados.
  5. Agregue la margarina y, cuando se derrita, incorpore las cebollas y las zanahorias. Saltéelas hasta dorar un poco.
  6. Incorpore en la cacerola los puerros y rehogue unos instantes.
  7. Agregue los calditos de verdura desmenuzados, los clavos de olor, el enebro y el laurel.
  8. Incorpore los damascos con todo el vino del remojo y agua caliente como para cubrir apenas los ingredientes.
  9. Tape la cacerola y deje hervir despacito, añadiendo de vez en cuando chorritos de caldo (para mantener el volumen del líquido) hasta que las carnes se noten cocidas.
  10. Destape y agregue la panceta frita y la conserva de tomates diluída en ¼ de taza extra de vino. Deje hervir despacito, destapado, hasta que la salsita tome un aspecto aterciopelado y los orejones de damascos estén tiernos.
  11. Sirva ofreciendo aparte papitas al natural pasadas por manteca fresca y espolvoreadas con perejil picado.