sábado, 25 de abril de 2015

Algo más que lechuga




            Creo que lo más terrible que puede sucederle a uno en la vida es nacer lechuga, crecer como lechuga y que todos le encuentren gusto a lechuga. Si las lechugas tuvieran cerebro, uno al menos podría repetirle alguna frase célebre convincente: “Resignarse es colocar a Dios entre el dolor y uno mismo”. Pero como las lechugas de las que le hablo sólo tienen hojas y corazón, voy a proponerle otro relleno. Ponga ojos de vegetariana autentica y pídale al verdulero las 3 lechugas más gordas de la zona. Una vez en casita lávelas, separe las hojas y, con la mitad de ellas forre una tortera desarmable, previamente enmantecada y espolvoreada con pan rallado. Entonces vaya a la heladera, saque ese pote de ricotta que siempre se compra con buenas intenciones y nunca se llega hasta el fondo, súmele cuantos recortes de fiambre encuentre a mano, 1 cebolla frita en manteca, 1 taza de queso rallado, otro poco de perejil picado, sal, pimienta y nuez moscada… ¡y basta! Ahora rellene con esto la tortera y tape con el resto de las hojas de lechuga, aplastando con las manos sin piedad, como si estuviera cerrando una valija de ida a Mar del Plata. Ahora bata 4 huevos con 1 taza de leche, sal, pimienta, etc. y ½ taza de queso rallado y vierta sobre la superficie de la torta, de modo que el excedente escurra hacia el fondo. Entonces póngala a cocinar a baño María en horno moderado hasta que la superficie esté doradita. Y mientras tanto, prepare una salsita de tomates con cebolla, ají picado, así de pimentón, un poco de conserva y todos los aromáticos que se le antojen de modo que, cuando la torta esté  hecha, pueda sacarle el aro externo, apoyarla en una fuente, y servir cada porción con una inundación de salsa. En cuanto la lleve a la mesa, los comensales y el canario Roller cantarán a coro, en perfecto inglés, al estilo de Byron: “A thousand years scarce serve to form a state an hour may lay in the dust”. Lo cual, traducido al estilo de mi abuela quiere decir algo así como: “¿Por qué no hiciste dos Estados en lugar de uno?”