viernes, 19 de diciembre de 2014

Pan dulce con secreto





En la cocina, como en la Vida, (¡perdón, románticos del mundo entero!), es imposible hacer dos veces la misma cosa y encontrarle el mismo sabor. Pero aunque la noticia le llegue con retraso, le aseguro que el sabor de este pan dulce, producción 1974, usted podrá reeditarlo hasta el año 2000. Siempre, claro está, que tenga a mano un ingeniero agrónomo suficientemente influyente como para que le consiga una cucharadita de cardamomo. ¿Qué de qué se trata? Vaya, como yo, a una buena enciclopedia y jamás se enterará: “fruto de plantas de la familia de las cingiberáceas y género Amomum”… (!) ¿Para mí? Un condimento que bien podría venderse en cualquier perfumería con aroma oriental. Por si alguna vez tiene la suerte de encontrarse en la vida con un ingeniero agrónomo como el que le conté, ahí va la receta. Eso sí: olvídese para siempre que en Europa, allá por 1888, cuando se comía pan dulce de verdad sólo se preparaba con harina traída de Hungría. “El tiempo es como un gran velo suspendido delante de la eternidad, como para ocultárnosla”. (TERTULIANO). Bata 200 gramos de manteca con ½ taza de azúcar y, cuando esté hecha una crema, agréguele 1 huevo entero y 1 yema, batidos, y 1 cucharadita de cardamomo. Aparte, disuelva 30 gramos de levadura de cerveza en ½ taza de leche y 1/3 de taza de azúcar. Y cuando la superficie parezca hidrófoba, mézclela al batido de manteca alternando con la harina cualunque que absorba, hasta formar una masa blanda y elástica, que no se pegue ni a las manos ni al bol. ¿Listo? Vuélquela entonces sobre la mesada y castíguela sin piedad con los puños, hasta que haga globitos y parezca una masa de pan dulce de verdad. (“La verdad es la estrella sin la cual el alma humana no es  más que noche”. HUGO). Ahora proceda como cualquier receta: tape el bol y deje levar en lugar templado por lo menos 3 horas, hasta que doble su volumen. Luego amase con la fruta seca y abrillantada que se le antoje (¿½ taza de cada una?), después divida en dos bollos, deles forma redonda, hágales en la superficie un tajo en forma de triángulo (con hojita de afeitar cero kilometro) y vuelva a dejar levar sobre placas enmantecadas y enharinadas. Final feliz: pintar suavemente con yema batida y hornear con fuego suave primero y caliente después, hasta que realmente parezca un pan dulce de confitería del siglo pasado. ¡Y aguántese hasta que esté frío para probarlo! ¿Vio que valía la pena encontrar el ingeniero y el cardamomo? (“Consuélate, no me buscarías si no me hubieras hallado ya”. PASCAL)