miércoles, 24 de diciembre de 2014

A cuenta de Navidad







No quiero que me suceda como el año pasado y me quede en el tintero la receta de esa masa hecha a base de miel y azúcar negra, para preparar las clásicas galletitas navideñas, recortadas en forma festiva. Y buscando y ensayando formulas me encontré con ésta, casi idéntica a esas legendarias galletitas rectangulares, oscuras y crocantes, que mi abuela solía hundir todas las tardes en un enorme vaso de leche helada. ¿Quién dijo que los recuerdos sólo existen en la imaginación de cada uno? Ponga a derretir, a fuego suave, 200 gramos de manteca, 1 ¼ taza de miel y ¾ de taza de azúcar negra. Y cuando todo esté fundido, retire y deje enfriar. Mientras tanto, tamice en un bol todo lo que sigue: 4 tazas de harina, un poco de sal, 1 cucharadita de bicarbonato de soda, 2 cucharadas de jengibre, 1 cucharadita de canela y 1 cucharadita de clavo de olor molido. ¿Listo? Entonces mezcle estos ingredientes secos con los húmedos y amase con las manos hasta obtener un bollo liso y bien oscuro (agregue más harina si fuese necesario). ¿Se dio cuenta que esta mezcla no lleva nada de huevo? (“La reflexión es una enfermedad que padecen algunos individuos y acabaría con la especie humana si se propagase”. ANATOLE FRANCE). Ahora envuelva la masa en papel aluminio o impermeable o cosa parecida y olvídese de ella en la heladera hasta que se enfríe. (Dicen los que saben que así envuelta puede olvidarse de ella hasta dos semanas…). El final casi ni vale la pena contarlo, como sucede con cualquier telenovela que se precie de tal: estire la masa de a poco, dejándola fina, córtela en forma de estrellas, letras, animalitos o lo que quiera y cocínelas sobre placas enmantecadas, en horno precalentado, hasta que estén sequitas pero no doradas. Luego retírelas cuidadosamente para que no se rompan y, antes de guardarlas, déjelas enfriar bien para que tomen consistencia crocante. Si quiere, decore cada una con glasé real y todo lo que en ese momento se le ocurra. Y si no, guardarlas hasta Navidad. Eso sí: ni se le ocurra probarlas, apréndase de memoria esta frase de Wilde: “El remedio para librarse de una tentación: sucumbir a ella. Si resistís, vuestra alma enfermará de deseo”. ¡Glup!