miércoles, 29 de junio de 2011

Ñoquis de papa



Dicen que “cada uno tiene su modo de apagar faroles”… A mí, por ejemplo, me encantan las pastas… siempre que me las sirvan en poca cantidad y con mucha salsa! Por supuesto: y que esta sea bien sabrosa, pero sin pretender “robarle cámara” a los fideos. Como sucede entre verdaderos amigos: “Busca a aquellos que pueden hacerte mejor; y recibe también a aquellos a quienes puedas tú mejorar” (Séneca).
            Para refrescarle la memoria… (y porque el otro día una señora, en el almacén de don Jesús, me dijo que los “ñoquis de papa” no le salían…).



Ñoquis de papa

  1. Lave ½ kilo de papas, cocínelas con cáscara, pélelas y tamice. Haga un hueco en el centro del puré y agregue sal, pimienta y nuez moscada a gusto, 3 cucharadas de queso rallado, 25g de manteca y 1 huevo. Y mezcle rápidamente hasta obtener una pasta.
  2. Al lado de esta pasta, vuelque un montón igual (en tamaño) de harina común. Una todo rápidamente.
  3. Tape la masa y vaya tomando pequeñas porciones que amasara en forma de grisines (o choricitos largos… ¡bah!). Córtelo en trocitos con un cuchillo y presiónelos con el pulgar sobre el marcador de ñoquis, enharinado (o en su reemplazo: un tenedor) haciéndolos rodar como si se deslizaran por un tobogán. Conviene dejarlos caer sobre hojas de papel enharinadas, para manipularlos mejor.
  4. Cuando todos los ñoquis estén marcados (¿vio cuantos salen con sólo ½ kilo de papas?) échelos en abundante agua hirviendo con sal, donde habrá vertido un chorrito de aceite, para que no se pegoteen. Apenas floten, deje que el agua retome el hervor y pruébelos: si aún les falta cocción, convide con ese ñoqui a su gato (¡claro que les gustan las pastas!). Y déjelos hervir un rato más. Cuélelos y póngalos en una fuente rociados con aceite, para que no se peguen. Vuelque sobre ellos la salsa que prefiera.