sábado, 22 de noviembre de 2014

Frutillas a la pimienta



Pedí la carta, recorrí los títulos y pregunté: “¿Algo rico?”… El mozo, con voz confidencial y segura, me respondió: “Frutillas a la pimienta”… Acepte, curiosa. Al segundo, instaló una mesita auxiliar junto a la nuestra, con un bol de cristal, frutillas, 3 licores distintos, un molinillo de pimienta negra… Tal despliegue no podía quedar en el anonimato. Entonces, comencé a preguntar… Antonio, santiagueño de pura cepa (y gastronómico con ganas de catapultarse a otros niveles) me explicó generosamente, paso a paso, su versión creativa: “Ponga en un bol una generosa porción de frutillas maduras, espolvoréelas con un poco de azúcar y aplástelas con una buena porción de helado de crema americana, hasta que todo se convierta en una especie de ‘mousse’. Entonces agréguele un cabezazo de Marrasquino, otro de Cointreau y un tercero de Grand Marnier. Por último, el toque mágico: ¡pimienta negra, molida en el acto!”. Resultado: Una integración de sabores realmente deliciosa. ¡Viva Santiago!...




Versión 2:


INGREDIENTES

Helado de crema americana, ¾ de kilo
Frutillas maduras, limpitas y cortadas en tajaditas, 300 gramos
Azúcar impalpable o molido, 4 cucharadas
Marrasquino, un “cabezazo” como si fuera en colectivo esquivando baches
Cointreau, un “cabezazo” como si frenara de golpe frente al bache
Grand Marnier, un “cabezado” como si no hubiera visto el bache
Pimienta negra, molida en el acto… hasta que cada porción parezca “pecosa”

PREPARACION

  1. Ponga las frutillas en un bol grande y espolvoréelas con el azúcar. Trate de deshacerlas con un tenedor.
  2. Coloque sobre ellas el helado y siga aplastándolas con el utensilio que quiera, poniendo cara de chef importado, hasta que el helado, al mezclarse con las frutillas, parezca una mousse.
  3. Llegado a este punto, déle a la mezcla los tres cabezazos: de Marrasquino, de Cointreau y de Grand Marnier.
  4. Sirva en cremeritas, moliendo sobre cada porción una lluvia finita de pimienta negra.

IMPORTANTE: Prepare este postre a la vista de sus comensales… ¡y los aplausos se oirán hasta el Primer Mundo!