viernes, 21 de noviembre de 2014

Cocina para todos






Agregaría en el colegio secundario, como materia práctica obligatoria: ¡cocina! Pero no para fabricar chefs, eh, sino simplemente clases de cocina de todos los días para enseñar a comprar y manipular distintos ingredientes y aprender a preparar los platos básicos que nos gustan a los argentinos: milanesas, hamburguesas, pizzas, huevos fritos, churrasco a punto… ¿Qué dice? ¿Que las escuelas deberían tener un laboratorio especial de cocina? ¡Paparruchadas! ¿Quién piensa en “cocina gourmet”? Lo que enseñaríamos es “cocina de verdad”. Entusiasmo, una cocinita que funcione, buenas recetas y unos utensilios básicos serían los instrumentos necesarios para sacarnos las ganas de aprender. Y, por supuesto, un buen profesor o profesora con recetas fáciles e infalibles que despierten el interés de todos. ¡Claro que los chicos se entusiasmarían! Porque la cocina tiene mucho de magia. La olla, la sartén o el horno ofician de galera del mago y es asombroso como los ingredientes que se le confían en base a una buena receta se convierten en un manjar inesperado. Por supuesto… el mago o la maga tienen que ser de primer nivel para que los trucos salgan a la perfección… Y a la vez deben ser fáciles, para que los alumnos puedan realizarlos con éxito. ¿Un ejemplo? Mezcle 1 taza de leche condensada con 3 tazas de avena arrollada gruesa, 1 taza de nueces peladas y picadas más 100 gramos de pasas de uva sin semilla. Distribuya la pasta en montoncitos espaciados entre sí, sobre placas enmantecadas y enharinadas. Y cocínelas en horno bien caliente hasta que los bordecitos de cada masita se doren. Retire la placa del horno y deje enfriar allí las masitas. Recién entonces despéguelas cuidadosamente con espátula y ¡glup! Aunque si tiene ganas de trabajar más… ¿qué tal si le pintamos la base con chocolate cobertura? ¿Le gusta la idea? Diría Campoamor: “Con tal que yo lo crea… ¿qué importa que lo cierto no lo sea?”.