domingo, 1 de junio de 2014

A falta de azúcar…








            Sabido es que la parapsicología estudia los fenómenos psíquicos que no pertenecen a la vida normal. ¿Cómo se llamará la ciencia que estudia los fenómenos del desabastecimiento QUE NO SON ESCASECES para los que están del otro lado del mostrador? ¿Cómo puede explicarse uno que mientras no encontramos un gramo de azúcar para endulzar la mamadera del bebé, todas las confiterías, panaderías, bombonerías e industrias dulceras siguen produciendo ininterrumpidamente? Claro que las amas de casa, frente a estas cosas, no tenemos derecho a perder tiempo pensando, sino en buscar soluciones. ¿Falta leche de todo tipo y no hay nada de azúcar? Haga como yo: prepare el té o el café como siempre y… ¡conviértalo en cortado sumergiendo en él una buena cucharadota de dulce de leche! Al fin y al cabo, el dulce de leche es una leche condensada pasada de punto. ¿O no? Y si quiere tomar el té con alguna exquisitez casera, ponga el ojo en toda la gama de alfajores que apoyan su dulzura en el relleno comprado. ¡Basta de protestas! ¿No decía La Fontaine que “más se consigue con la dulzura que con la violencia”? Bata 5 yemas, agrégueles ¼ de taza de agua fría y únales toda la harina que puedan absorber hasta obtener una masa compacta y elástica. Divídala en 10 bollitos y déjelos descansar, tapados, ½ hora. “Sin trabajo no se consigue la victoria”. KEMPIS Ahora estire cada bollito uno por uno dejándolos finitos como papel. Recórtelos del tamaño de un plato playo, pínchelos con un tenedor en toda su superficie y hornéelos uno por uno sobre placas enmantecadas y enharinadas hasta que se ampollen y sequen. Una vez fríos encímelos untándolos con dulce de leche (¡ojo con las fracturas!) y apréstese para recibir, sin marearse, una explosión de aplausos. A lo sumo, cuando vea que los golosos no han dejado ni una miguita en el plato, entorne los ojos, ríase de la falta de azúcar, y exclame para sí misma, al estilo de JUANA DE ARCO. “Los hombres pelean (puede decirse en lugar de hombres: dueñas de casa). Sólo Dios dará la victoria…”