jueves, 12 de junio de 2014

Otro destino para las salchichas










“Precisamente porque el Destino es inmutable, la suerte depende de nosotros mismos”. Esta solemne frase de Andrés Maurois también pudo decirla su marido todos los domingos frente al tradicional plato de pastas, o cualquier salchicha sentenciada a tuco. ¿Ayudamos a la suerte con un poco de imaginación? Compre ½ kilo de salchicha como si se dejara empujar por la rutina: pero no, córtela en trozos, anchos, como milanesas, y tirelas en agua hirviendo, un minuto, para que suelten la grasita. Ahora escúrralas y quite a cada trozo la piel. Por otro lado, sazone con apenas de sal y mucho de pimienta 8 bifes finitos, acomode en cada uno un trozo de salchicha y arrolle igualito como si armara niños envueltos. (Atraviese cada extremo con dos palillos para evitar que se transformen en desenvueltos). Y fríalos despacito en 100 gramos de manteca hasta que estén bien doraditos, y agrégueles unas cuantas hojitas de salvia, y cuando se forme un fondo de cocción oscurito ahóguelos con un buen vaso de vino blanco seco. Lo demás, simplísimo: tape, deje cocinar a fuego lento hasta que estén tiernitos y, en el momento de servir, quite a la salsa el exceso de grasa y enriquézcala con un pote de crema. Pruebe (¿vio qué delicia?). Sazone nuevamente si fuera necesario y sirva los niños colando sobre ellos la salsa y – si quiere – acompañándolos con papas fritas a la cucharita. ¿Qué le parece? ¿Qué a todos les gustará pero dirán que no es mucho para un domingo? Pídale prestado a Voltaire esta frase: “El exceso de placer no es placer”.