domingo, 8 de junio de 2014

Helado increíble





Cualquier heladería de barrio suele tener más títulos que especialista de moda. Pero… ¿conoce usted alguien que ofrezca “HELADO DE PALTA”? Siempre es apasionante inventar algo (“Para qué sirve un niño recién nacido? Pero podrá llegar a ser un hombre…”) Y más apasionante, aún, cuando el invento es tan simple que nos deja tiempo para otras cosas que nos ayudan a entender mejor la vida: “Siempre regreso tiempo / enhebrando sueños / por el ojo interminable de la vida. / Hoy te contemplo, amor, / y te doy gracias / por ayudarme a derrumbar mis años viejos; / por nuestros hijos; / por mil noches maduradas a tu lado; / por esperar el alba aun despiertos; / por buscar la flor en la mañana / y dejar entre sus pétalos un beso.” (“Tiempo azul” de Antonio Parial). ¿Volvemos a la cocina? Pele una palta, pase la pulpa por un tamiz y mézclele 4 cucharadas de azúcar, unas gotas de esencia de almendras, 1 pote de crema de leche batida espesa. Distribuya la crema en copas altas, adórneles el borde con copitos de chantilly, decóreles el centro con mitades de nueces y póngalas en el congelador hasta el momento de servirlas. Y mientras todos polemizan y luchan para adivinar cómo está hecho ese helado que parece de pistacho, usted alégrese de saberse dos centímetros por arriba de cualquier receta de cocina: “El no saber supo hacer a Dios” (A. Porchia)