viernes, 27 de junio de 2014

¡Viva la salsa de la abuela Aniela!










Tengo una amiga llamada Juanita que vive en la Patagonia y  que es simpatiquísima y que lee Clarín (todas las secciones) y que, además de tener hijos buenísimos tiene una abuelita “petisa y gorda que cocina como los dioses” y un marido hijo de españoles que no se pierde ni un plato de los que le prepara su abuelita polaca.
Y por si esto fuera poco, Juanita es generosa. Y “por nada” (“La amistad es un comercio desinteresado entre iguales” Goldsmith). Si el pollo que usted piensa hacer “a la cazadora” leyera estas líneas, seguro que le pediría como última voluntad que: simplemente lo ase y lo sirva con la “salsa de remolachas” que aquí le cuento: Lave y hierva como de costumbre, con cáscara, 1 kilo de remolachas. Luego pélelas y rállelas con el rallador de verduras. Entonces fría en una sartén (sin quemar) cubitos de panceta ahumada y, cuando estén a punto, agrégueles la remolacha rallada, 1 cucharada de azúcar, un poco de agua caliente, sal y un chorro de vinagre. Ahora cocine todo a fuego lento unos 15 minutos, y en el momento de servirla, agréguele 1 cucharada de manteca y revuelva bien para que todo se ponga brillante. ¡Gracias, abuela Aniela! Y ojalá que Juanita, cuando vaya a Patagonia esta primavera, vuelva no solamente llena de recuerdos y ternuras y nostalgias… sino también con un montón de recetas así de grande para que todas nuestras lectoras amigas puedan saborearlas. “No pido riquezas, ni esperanzas, ni amor, ni un amigo que me comprenda; todo lo que pido es el cielo sobre mí y el camino a mis pies”. (Stevenson) ¡Buen viaje, Juanita!