martes, 13 de abril de 2010

Tarta de manzanas con crumble


Cuando “en familia” debo hacer una tarta, recurro siempre a la misma fórmula, que coincide, precisamente, con su sueño de gordo: “poca masa… y muchas manzanas!”. Pásele ahora la revista a su señora, así le explico. La masa que utilizo es la de siempre: 100 gramos de manteca aplastados sobre la mesa (con un tenedor) con 2 yemas y 3 cucharadas de azúcar, hasta que todo parezca una crema nutritiva para usar cuando el marido duerme. A esto agregue 1 taza de harina común mientras amasa rápidamente hasta obtener un bollo liso y tierno, imposible de estirar con el palote sin que se le pegotee o quiebre. Así las cosas, aplaste la masa y tírela en una tartera mediana enmantecada y enharinada; y estírela con las manos dejándola más chata que “un marrón” de jamón crudo. Logrado esto recorte los bordes, pinche la masa con un tenedor y rellénela con tajadas transparentes de manzanas, previamente revolcadas en azúcar, jugo y ralladura de limón. Lo distinto estará en la cubierta: corte 100 gramos de manteca bien helada con ¾ de taza de harina y ½  taza de azúcar molida, hasta convertirla en granitos. Entonces vuelque este granulado sobre las manzanas y meta la tarta en horno bien caliente, hasta que la superficie esté sequita, suavemente dorada y crocante. Déjela enfriar en el mismo molde y sírvala con crema o helado.