domingo, 18 de abril de 2010

Oubliés



Bata 150 gramos de manteca junto con 225 gramos de azúcar impalpable y agréguele de a una por vez, 2 yemas, alternando con ½ taza de vino banco seco. Siga batiendo hasta que todo esté espumoso. Y si quedara cortado y horrible, siga adelante, igual a paso de vencedora! (Siempre las traducciones tienen un margen generoso de error). Mézclelo entonces con harina suficiente como para hacer una pasta semilíquida, tipo panqueques. Y por ultimo agréguele las dos claras sobrantes (¿quién dijo que sobraron?) batidas a punto de nieve. Si resultara muy espesa, échele un poco mas de vino. “En el vino está la verdad”… Ahora enmanteque una placa de horno y vierta la pasta por cucharadas, extendiéndola con un cuchillo de modo de dejarla muy fina y con forma rectangular. Deje espacio entre uno y otro rectángulo, y cocínelos en horno bien caliente justo el tiempo necesario para que se sequen sin quemar (2 a 3 minutos). Apenas retire la placa del horno y mientras están calientes, arrolle cada rectángulo dándoles forma de barquillos o cubanitos… ¡u oubliés! Repita la operación hasta terminar con la pasta… ¡o hasta que se canse! (“El aburrimiento nació un día de la uniformidad” (LAMOTTE-HOUDARD). También puede olvidarse del nombre y hacer con la pasta masitas chiquitas, en forma de medallones. De cualquier modo son deliciosas, pues al enfriarse resultan crocantes y con un sabor a “je ne sais quoi”. ¿Vio que fácil es cocinar en francés? Ahora olvídese del régimen y pruébelos, recitando despacito esta frase de Amiel: “¡Señor, presta tu fuerza a los débiles de buena voluntad!”