jueves, 5 de septiembre de 2013

Picarones chilenos



El libro “Sabor y saber de la cocina chilena”, de Hernán Eyzaguirre Lyon, es una sabrosa y documentada historia de la gastronomía chilena, complementada con un breve pero interesante recetario autóctono. Me detengo en los “picarones chilenos”, seducida por la historieta que atribuye la autoría de éstos a doña Rosalía Hermosilla, una negra dicharachera y popularísima que imprimió un carácter muy especial a la cocina chilena. Dicen que hasta el general San Martín saboreó, entusiasmado, los “picarones” que la negra Rosalía le ofreció en Lima (Perú la descubrió antes que su país natal, donde se estableció después) acompañados con un ponche de Pisco ¡de su propia invención! Yo me limité a hacer una ínfima porción de la formula, a total beneficio del hígado de mi madre, quien es capaz de comerse un ejército de frituras. ¿Le cuento? Aplaste con un tenedor 1 cucharadota de calabaza hervida y agréguele ½ cucharadita (tamaño café) de bicarbonato de sodio, disuelto en 2 cucharadas de agua hirviendo. Únale entonces 2 cucharadotas panzonas de harina común y bata hasta que el pegote se desprenda del bol. Vuelque sobre la mesa, agréguele un poquito más de harina si hiciera falta (debe resultar bastante “pegajosita” la masa…) y arme los “picarones” así: Tome pequeñas porciones de la pasta con las manos enharinadas (si lo hace con las manos mojadas se arrepentirá para toda su vida…), achátelas en forma de rosquitas y ábrales un agujerito en el centro. A medida que las haga, fríalas  en abundante aceite caliente hasta dorar bien de ambos lados. Apenas las escurra, revuélquelas por azúcar molido y pruebe. ¿Qué cómo quedan? ¡Pregúntele a mi mamá! Apenas las hice, las 6 salieron volando del plato.