jueves, 21 de mayo de 2015

Dulce de leche enrejado







Dulce de leche enrejado








1. Aplastar sobre la mesa, hasta deshacer bien, como una crema: 100 gramos de manteca, 1 yema y

2 cucharadas de azúcar molida. Recién entonces agregarle harina de a poco (más o menos 1 taza) hasta obtener una masa muy blandita y suave, que se pueda estirar (si le ponemos mucha harina, se hace migas y se rompe).








2. Estirar la masa sobre la mesa muy enharinada dejándola de ½ cm de espesor. Invertir sobre ella el molde para tarta donde haremos el enrejado, y recortar un círculo que sea un poquito más grande que la superficie del molde. Los recortes de masa los uniremos, volveremos a estirar y cortaremos en tiras de 1 cm de ancho. Y en discos chiquitos, cortados con la base de una boquilla de decorar.








3. Con el disco de masa, forrar el molde de tarta, previamente enmantecado y enharinado. No importa si la masa se rompe, pues presionando con las manos enseguida se une. Tratar de que cubra el molde perfectamente, sin dejar ningún lugar libre y procurando que la masa llegue bien hasta el borde del molde. Entonces, sí: rellenar la tarta con una capa abundante de dulce de leche.








4. Decorar la tarta cruzando sobre el dulce de leche las tiras de masa. Primero, una capa de tiras verticales, distanciadas entre sí. Luego, otra capa dispuesta en sentido contrario (es decir: perpendicular a la primera), a fin de formar el enrejado y dejar ver el  dulce de leche. (Si las tiras se rompen, añadirlas colocando un pedacito al lado del otro, directamente sobre el dulce).


 



5. Por último, terminar el borde de la tarta en forma prolija, pegándole, ligeramente encimados, los disquitos de masa. Pincharlos con un palillo o tenedor (como si perforaras botones) y cocinar en horno caliente primero y más suave después, hasta que la superficie esté como para comerla: dorada y crocante. Retirarla del horno, dejarla enfriar y recién entonces dividirla en porciones. Cuando la pruebes, seguro que exclamarás: “¡La ‘pastafrola’ ha muerto! ¡Viva el ‘enrejado’!”



¡Gracias, Susana!