martes, 12 de mayo de 2015

Dos ingredientes que no deben faltar en su cocina: ¡imaginación y amor!





            Aunque mi destino actual sea la cocina, y mi obligación, ensayar cada vez nuevas recetas, con una mano en el corazón le aseguro: cualquier comida que usted prepare para sus seres queridos sabrá a gloria, si pone al hacerlas dosis industriales de amor (uno siempre quiere agrandar a la gente que ama) y la imaginación que le alcance – o sobre – para hacer cada vez lo de siempre de un modo distinto: ¿John Fletcher fue un dramaturgo de la época isabelina, un humorista o un cocinero? Averigüe leyendo esta frase: “El amor puede hacer ladrar en verso a un perro…” ¡Ja! ¿Probamos si es cierto renovando las milanesas de todos los días?


  • Milanesas “dos en uno”

Una idea bárbara para aprovechar milanesas finitas sobrantes (si las hubiera…) sin condenarlas “a la napolitana”.

1)      Prepare milanesas bien finitas, como de costumbre. Cocínelas.
2)      Haga ahora un puré y sazónelo solamente con sal, pimienta (nuez moscada si le gusta) y 1 yema por cada taza de papa tamizada.
3)      Unte con el puré caliente (papa duquesa… ¡bah!) las milanesas frías, formándoles una capa gruesita de ambos lados. A medida que lo haga (unte el cuchillo con agua para que la operación le resulte más fácil), apoye las milanesas sobre una placa enharinada.
4)      Cuando las milanesas estén bien frías, báñelas por huevos batidos y rebócelas por pan rallado, como si le fallara la memoria… ¡y volviera a hacer milanesas con las milanesas! Cada vez que hago este plato me acuerdo de esta frase inimitable: “El que no tiene memoria, tiene la gracia de poder gozar siempre con las mismas cosas”…
5)      Fría las milanesas en aceite medianamente caliente (para darle tiempo al puré a que se caliente bien) hasta dorar de ambos lados. Y no se preocupe por la guarnición, pues habrá obtenido… ¡milanesas con puré incorporado!