lunes, 7 de abril de 2014

Ahora que hay zapallo tipo “angola”…





…y que no hay “cal viva” por ningún lado para  hacerlo “a lo antiguo”, una vez más me he puesto a ensayar nuevas técnicas a fin de poder prepararlo en trozos sin que se deshaga. Le confieso que no le queda esa corteza durita lograda por la cal. Pero, ¿sabe que resulta un delicioso dulce en cascos?



1)      Compre 1 kilo de zapallo tipo “angola” (alargado, cáscara verde, inglés por fuera y amarillo anémico por dentro), córtelo en trozos, quíteles la cáscara y las semillas y divídalas en cubos de 3 ó 4 cm de lado, aproximadamente.
2)      Lávelos y séquelos.
3)      Póngalos en una cacerola o sartén amplia, sin encimar y rocíelos abundantemente con ginebra (o gin, o coñac… ¡o lo que pueda!).
4)      Caliente sobre el fuego y en cuanto el alcohol (licor… ¡bah!) se entibie, préndale fuego. Siga moviendo la cacerola sobre el fuego (sin quemarse, por favor) hasta que las llamas se extingan debido al juguito que soltará el zapallo.
5)      Retire del fuego, agrégueles 1 kilo de azúcar y 1 ¼ litro de agua; agregue el jugo de ½ limón, una chaucha de vainilla y ponga sobre fuego fuerte, hasta que rompa el hervor.
6)      Baje la llama y deje hervir despacito, hasta que los cascos de zapallo estén traslúcidos y el almíbar espesito. ESTE DULCE NO SE REVUELVE: limítese, de vez en cuando, a mover la cacerola.