viernes, 17 de marzo de 2017

Crema moka


Como gorda mental que soy, envasada en origen (a mi mamá le encantaban los postres), soy “adicta” al café… ¡como ingrediente de la repostería! ¿Sabe cuál fue el primer postre “de moda” que me obligaron a hacer cuando ni siquiera soñaba con que mi destino sería cocinar? ¡Seguramente que usted también lo aprendió! Ese clásico, sin cocción: varios pisos de vainillas emborrachadas con almíbar al coñac (o con Oporto), intercalados con “crema moka” y nueces molidas… ¡Una delicia! Epocas lejanas, cuando para demostrar que éramos educadas, teníamos que dejar el “compromiso”(el último bocado en el plato).

Las costumbres cambian y los “compromisos” se han vuelto obsoletos. Por suerte, la crema moka sigue en vigencia. La podemos usar para el clásico postre de la infancia o para rellenar tortas y piononos, seguras de que no quedará ni una miguita. Antes de la receta, le aviso que la aggiorné para no usar yemas crudas y evitar el fantasma de la salmonelosis. No tenga miedo a que la crema moka se le corte. Siga la receta y logrará el éxito. Y recite: “Aunque nadie justifique el desvarío, atrévete; aunque el mundo te tilde de idealista, lánzate” (Nené D’Inzeo).

Crema Moka

1) Coloque en una cacerolita 150 gramos de azúcar, cúbrala con agua y hierva hasta obtener un almíbar a punto de “hilo flojo”, tirando a fuerte.
2) Viértalo en forma de hilito sobre 3 yemas batidas y bata hasta incorporarlo todo. Continúe batiendo hasta que el almíbar se enfríe.
3) Agregue, de a poco, 400 gramos de manteca blanda, más 1 pocillo de café concentrado (o instantáneo) y una copita de buen coñac. Integre todo y reserve en la heladera tapada con film.