lunes, 9 de noviembre de 2015

Pepas de membrillo






Las clásicas pepitas, para agasajar a toda la familia

Tengo guardada en mi cueva de trabajo la foto de un hipopótamo que una vez me regaló alguien que admiré mucho. No, no era la foto de esa persona. Era, quizás, la imagen de su sabiduría. Muchas veces yo me sentía agobiada por las exigencias del trabajo o las medidas arbitrarias de mis superiores (era entonces yo muy jovencita como para entender las relaciones laborales). La imagen de ese hipopótamo era una advertencia: para trabajar en una oficina es necesario tener la piel de un paquidermo. Que todo resbale… Que nada pueda perforarnos la piel y lastimarnos de verdad.
En aquel entonces me reía de esa ocurrencia. Ahora, a distancia sideral de aquel entonces, entiendo mejor el mensaje. No sólo en una oficina sino en la vida misma, uno debería tener la gracia de poder portar una coraza tan gruesa para que nada nos hiciera sentir escozor: ni las mentiras, ni las inseguridades, ni la niñez desvalida, ni la educación desvirtuada, …
¿Qué estoy diciendo? Perdón. ¡Borro todo lo pensado! Sólo siendo sensibles, aunque nos muramos por dentro, podremos defender el mundo que alguna vez soñamos: sin prepotencias, sin hipocresías, sin insensibilidad, sin groserías, sin mentiras. Aunque nos duela, despojémonos de las corazas que nos impiden acercarnos a los demás para tenderles una mano, o simplemente una sonrisa.

A veces, un gesto cariñoso vale más que un gran regalo. Como cuando vienen mis bisnietos (recuerde que soy una abuela bis) y, a mi manera, les regalo unas galletitas que los ponen contentísimos, aunque se hacen con poquísimos ingredientes (casi diría miserables), pero con un amor enorme.

Pepas de membrillo

1. Ponga sobre la mesa 3 cucharadas de harina, 2 cucharadas y 1/4 de azúcar, 1 cucaharadita de polvo para hornear y 50 gramos de manteca.
2. Trate de amasar todos los ingredientes hasta que el calor de las manos derrita la manteca y todo se una en un bollo liso.
3. Haga bolitas de masa y ubíquelas en una asadera “limpia” (sin enmantecar ni enharinar).
4. Húndales el centro y ponga en el hueco un trocito de dulce de membrillo (o batata, o dulce de leche).
5. Cocine en horno suave y no las despegue hasta que estén bien frías.