viernes, 14 de julio de 2017

Besitos de anís




En pleno otoño no sé cómo hizo para abrirse camino entre un manto de tréboles y lajas desparejas. Pero lo logró. ¡Nació una petunia apretada entre las piedras! Una petunia de pétalos rosados. Nadie la plantó. Nadie la vio crecer. Por supuesto: ningún milagro sino, simplemente, una de tantas lecciones que nos da la naturaleza. ¿Nunca pensó que los seres humanos somos muy parecidos a la petunia de mi historia, plena de ganas de asomarse a la vida hasta que al fin puede hacerlo?
Pero no siempre el terreno donde nos toca caer es ideal para demostrar lo que somos o lo que podemos llegar a ser. Vencer los obstáculos y lograr cumplir dignamente nuestro destino depende de nuestra voluntad, de nuestro entusiasmo, de la fuerza de la savia que nos recorre y, por supuesto, de la mano de Dios. Ninguna hazaña sino ¡el empeño de ser uno mismo!
Si pudiera regresar al tiempo en que me preguntaban: “¿Qué querés ser cuando seas grande, Blanquita?” no dudaría: ¡Una semilla de petunia!
Punto y aparte. ¿Quiere que le enseñe a hacer “besitos de anís” en dos tiempos? Es un modo de hacerlos durar más porque son tan tentadores que, en cuanto los ponga en la mesa, desaparecerán como por arte de magia. Y bueno, como dijo Oscar Wilde: “El único medio de librarse de una tentación es ceder a ella”.



Besitos de anís

1. Bata 4 yemas con 225 gramos de azúcar y, cuando la preparación esté espumosa, vuelque sobre ella 4 claras batidas a nieve.
2. Mezcle en forma envolvente. Añada a la preparación anterior 300 gramos de harina previamente tamizada y 2 cucharaditas de anís en grano.
3. Una todos esos ingredientes de manera suave, es decir, sin llegar a aplastar el batido.
4. Luego, póngalo en una manga con boquilla grande y trace copitos sobre una asadera previamente enmantecada y enharinada.
5. El dato importante de esta receta: olvídese de estos besitos hasta el día siguiente y entonces, sí, cocínelos en horno moderado durante unos 20 minutos.