lunes, 7 de agosto de 2017

Malfatti de espinaca




Con nostalgia, Blanca Cotta propone rescatar a estos vegetales para hacer platos económicos, sabrosos y nutritivos.

Estoy convencida de que, así como la cocina puede convertirse en un laboratorio prodigioso para la elaboración de manjares deslumbrantes, también puede transformarse en la trinchera inteligente para luchar desde ahí esgrimiendo el amor como única arma para compartir la mesa en paz y del modo más agradable posible. Aprender a cocinar con poco gasto, ahorrando, o recordar viejas fórmulas (no por simples menos importantes) nos ayudará, sin duda, a salir del paso en la tarea de cocinar cotidianamente sin perder las ganas de hacer “cosas ricas”.

¿Quién no siente nostalgia, acaso, por los buñuelitos que solía hacer la abuela y desaparecían apenas los escurría en la fuente? ¿O ese arroz con leche cremoso con cubierta de canela? Por lo general, los inmigrantes de los cuales casi todos descendemos, tenían pocos recursos, pero mucho ingenio. Y marcaron nuestra infancia. Y, sobre todo, jamás nos hacían notar que faltaba el peso, sino que nos servían esos manjares simples y cotidianos con alegría. Quizás por eso, hoy los rememoramos y es tiempo de que los reeditemos para las generaciones futuras, tan acostumbradas al fast food.
Nunca sé si lo dijo Benavente o Unamuno pero ¡cuánta verdad hay en esta frase!: “Es feliz porque sabe vivir con sus recuerdos”. ¿Hacemos memoria? ¿Quién no recuerda los “malfatos”? Esas albóndigas deliciosas de verdura que, gracias al ingenio de madres y abuelas lograron que comiéramos espinacas, si Popeye todavía no nos había convencido de que lo hiciéramos. Manos a la obra…


Malfatos económicos

1. Hierva 2 atados de espinacas. Exprímalas y píquelas.
2. Súmeles 1 cebolla picada y rehogada en manteca, 1 taza de queso rallado, 1 cucharadita de perejil picado y 200 gramos de paleta picadísima.
3. Ligue con 3 huevos y 1 yema. Sazone a gusto.
4. Moldee bolitas de pasta en una taza con poca harina, haciéndola girar.
5. A medida que “moldee” los malfatos, échelos en agua hirviendo.
6. Cuando naden en la superficie, escúrralos con cuidado, ubíquelos en una fuente enmantecada y sírvalos con la salsa que prefiera.