viernes, 30 de agosto de 2013

Bizcochos de orquídea




¿Orquídea…dije? Bueno…, bah…, es una forma de llamar a los conocidísimos “bizcochos de vainilla”. ¿Y qué tiene de malo llamarlos así? Al fin y al cabo la vainilla es una orquídea trepadora que se cultiva intensamente en México (la mejor vainilla es la de Veracruz), América Central, Indias Occidentales, Tahití, Madagascar… ¡Basta! Fue un descubrimiento español pero tan americano como el chocolate y tan precioso como el oro, la plata o las perlas que España venía a buscar al Nuevo Mundo. ¿Y qué significa para nosotros, en la cocina? El pretexto para hacer bizcochos igualitos a los de confitería, pero más ricos y más económicos.





1.       En casi todos los recetarios de todas las abuelitas, las recetas de los bizcochos vainilla comienzan así: “Pesar 3 huevos con cáscara y medir igual cantidad de harina y de azúcar…”. Nosotras, que somos más modernas y en lugar de ser exactas nos gusta ser “aproximadas”, vamos a hacer las vainillas “a ojo”. (Lo cual no te impide, si quieres, medir el azúcar y la harina “a la antigua”, pesándolas cuidadosamente.)

2.       Poner en un bol 3 yemas y batirlas con 2/3 de taza de azúcar, hasta obtener una crema esponjosa.









3.       Colocar aparte las claras, y batirlas hasta que estén a punto de nieve (cuando al levantar el batidor, se formen piquitos firmes).

4.       Unir suavemente las claras con el batido de yemas, agregándoles 1 cucharadita de esencia de vainilla y ¾ taza de harina. (Mezclar sin batir, dando vuelta la mezcla como si quisieran dibujar círculos en el aire.)

5.       Poner el batido dentro de una manga para decorar, a la que se le habrá colocado una boquilla lisa y ancha y con ella rellenar moldes para bizcochos de vainilla, previamente enmantecados y enharinados (o a falta de moldes especiales, usar una placa común, también enmantecada y enharinada, trazando los bizcochos con ayuda de la manga: bastones de 18 a 20 cm de largo, espaciados entre sí).








6.       Último paso: espolvorear cada bizcocho con azúcar molido, y cocinarlos en horno caliente hasta que la superficie este sequita y suavemente dorada (más o menos 15 minutos). Retirar, desmoldar… ¡y que vengan los conquistadores!



Gracias, Susana por esta recetita!